pointless.transducing

pointless transducing of (presumably | temporarily brief) facts :D

23 de enero de 2012

Verdad que....?

Hay días de decir, de que digo, todo eso que me deleita decir, todo aquello cuanto apetece a mi boca decir. Son icebergs de púberes coronas, ligerezas que no saben penetrar la oscuridad más mínima: hablo de algo que he hablado muchas veces. El lugar común, aun si familiar, pierde sus dotes proféticas después de un rato; ni siquiera el recuerdo felíz logra ser siempre el recuerdo felíz: el tiempo le desdibuja lo felíz, luego le gasta lo recuerdo; queda apenas un abultamiento denso y oscuro, una brea de ir acumulando lo vivido carente de detalles, de tiempo.

Los días en que me sorprendo así, hablando de lo que disfruto, me pisotea el trote de la traición: me engaño: esos monólogos secuestros conducen a ningún sitio, mi esperanza es un caracol fractal que sólo sabe tartamudear el mar, no repetirlo.

Me doy la espalda cuando visito un lugar común y me convenzo de que me brinda los mismos antiguos deleites. Saber (ingenuidad anacrónica) que el deterioro es un fenómeno tan de la vida como la vida me tapia los oídos, le imprime cierta rabia a mis pupilas.

Me someto felíz a la privación sensorial de estar teorizando el pasado, re-escribiendo las rutas que desembocan en este momento. Como la mierda no requiere interpretación, limpiarse el zapato sucede ipso-facto; pero perdemos la habilidad para llamar mierda a la mierda cuando es nuestra. Por eso me detesto si pienso en lo de siempre, digo lo de siempre, me emociono como siempre de lo de siempre.

Hoy vi al espejo de siempre, las ecolalias de siempre; mirar afuera es perderse dentro, sin remedio. El engaño más logrado de nuestra epoca es convencernos de que, mirando a otros, entre otros, estamos en el Mundo: estamos dentro de nosotros, nubes bullicios abisales, infiernos vientos a ras de suelo.

20 de enero de 2012

Mantarraya

¿Por qué no quedarse con el sueño? ... con todos ellos. Dejar de aplicar plurales a la desdicha, recoger ávidamente flores con la mano derecha y abandonarlas con la izquierda. Quemar (ahora sí) todos los barcos ...¿?

Me tiemblan las manos en la mañana, porque intuyen el día. Uno de mis ojos, que recién me entero, es más pequeño, se niega también al día; tarda. Hay un reloj trás el reloj, un contador de exfoliaciones espontáneas simultáneas asíntotas: ¿alejándose de qué?

Cayeron ambas semillitas de las órbitas del Santo que incendio todos los días en casa. Tibias aún, omniscientes y equidistantes, con todo el citrismo felino de un esturión o de la maestra linda de física, me miran desde el suelo; risueñas, con ese rumorcillo difuso y blanco que produce el humor vítreo celeste.

Para dormir, escucho el mar. También puedo dormir sin él, pero me privo de las sirenas, las supernovas y toda esa plenitud recursiva e interminable que constituye mi felíz letargia, mis entreveros con el Abismo.

27 de diciembre de 2011

Estornudo

Mientras espero, las chimeneas y sus músicas discretas se quedan quietecitas buscando altura. La azotea me permite ver los secretos que guarda cada techo de cada casa, siempre fuera de vista, ocultos en la inaccesible claridad.

No hace mucho, yo conocía la flauta, sitio familiar para mis manos y mis ojos. Sabía de su música como sabe el navegante de las sirenas. Siempre pude determinar la consistencia de mi alma por los caudales que me brotaban de las manos, a través de su boquita niña y su fibroso cuerpo. A veces, tan claro me parecía todo tocándola, podía decir la hora exacta, tocando.

Los únicos secretos de entonces eran los pliegues y despliegues que se me iban entregando en cada nota. Luego vino la inundación, los días largos sin visitas, las incoloras tormentas eléctricas de la nostalgia. Perdí algunos de mis dedos, los grumos melódicos que siempre lograban sacarme del bosque.

Te perdí a tí.

Si te soy sincero, ya no sé cómo te perdí. Es una pérdida sin detalles, una polaroid distraída. Quisiera pensar que la pérdida es como el sistema óseo, como los cardúmenes de peces o las recetas, que son historias incompletas.
Me veo las manos, y encuentro que las encontrabas también tú, les tarareabas cosas, canciones creo, o tal vez agravios. Yo era una dócil piedra de río, lisa y planita para que pudiese arroparme la puntería de tu capricho.

Hay música en la calle, que parece hablar de tí. Desde esta altura, todos los vientres son indistinguibles, todos los orgasmos constituyen un gran estornudo intermitente al que yo respondo, resignado con una felicidad gremial: Salud!.

Anoche acomodaba los libros, un ojo en Magritte, el otro en la cortina fea que da una cara uniforme a la intemperie. Tú eras pura intemperie, yo era el pudor imperceptible que sostenía tu plenitud; gustoso era el segundo o tercer nombre que nadie sabe, la cicatriz que disimula la habilidad y ciertos escotes. A lo mejor, a fuerza de no ocupar un volúmen, me olvidaste. A lo mejor sólo tenías hambre de dunas o maremotos. No puedo culparte: sin obsesiones, yo también soy una voracidad perfumada y cortés. Incluso, interesante.

Un cuervo planea sobre unos tendederos a dos o tres cuadras, atraído por esa baba vertical que son las prendas íntimas, sus pudores percudidos y su carita de inevitable crónica. Soy incapaz de conservar detalles; por eso no recuerdo el olor del aire que te sucedió, ni la consistencia de los cientos de cabelleras que toqué después de la tuya. No sé cómo vivir pensando en pensar cómo vivir, así que vivo pensándote, mientras se le ocurre algo mejor al topo que gobierna los asuntos importantes de mi vida; imbécil como él solito.

Este malva del cielo, ahora mismo, se siente como la tentativa de un paso, el vértigo instantáneo que acompaña al movimiento. Siento la nausea de ser este intersticio que separa a pensarte de pensarte, tierra de nadie, virilidad de momia.

Me das asco, así tan entera en las fotografías, tan metida en las cosas de tu cuerpo, tan dueña de tus estrías y tus capullos pezones. Un desperdicio descomunal de pena, porque perteneces a otra especie, sin rayita ni esferita en la taxonomía de lo posible.

29 de noviembre de 2011

Centipede

Anoche escuchaba a Borges decir que la escritura no tiene mucho que ver con la inteligencia; a veces, según él, incluso estorba.

Hace un rato leía en un libro sobre planteamiento de problemas, que no existe un planteamiento correcto, y que el planteamiento ilumina, u opaca, la ruta de la resolución. Así que, según el consejo, hay que dotarse de cierto ludismo invariante para plantear y replantear los problemas, hasta el cansancio o la resolución.

Por una inevitable interpolación, me pregunto de cuántos modos puede plantearse el problema de la escritura, teniendo como premisa fundamental el no 'inteligir', el abandono estricto de la razón mientras se escribe.

Me pregunto por qué problematizar la escritura; para quién. Recuerdo 'Concerning the Bodyguard', de Barthelme; recuerdo la práctica inquisidora que consistía en azuzar a una rata encerrada entre una rejilla semiesférica y un torso desnudo; me queda entre la entrepiel la bruma de la másmedula.

Sigo con la pregunta, y problematizar parece muy simple, incluso se me antoja un algoritmo trivial:

1) produce una taxonomía de lectores posibles
2) a partir de sus rasgos particulares, identifica acercamientos/modos de intepretación
3) estudia las interpretaciones posibles
4) ...

y puede continuarse el ejercicio, haciendo distinciones cada vez más granulares dentro de cada paso y concepto.

"Las mejores preguntas evitan toda respuesta.", leí en algún lado.

Si se toma todo este amasijo de nociones discretas, y se apedrea hasta hacerse pulpa, queda un cierto gustillo a que escribir es un ejercicio fertil si deja, entre otras (muchas muchas) cosas, el valle sembrado de cuerpos hambrientos, preguntas cuyas tumoraciones van creciendose respuestas tentativas. El ojo, la habitación interior, queda forrada de salientes romas que acaparan los sentidos y ahuyentan toda privación. Escribir sin autoconciencia, sin pensar en los ojos que leen, sin pensar en las manos que escriben, sin las claridades que vienen de lo concreto. Escribir para engarzar vagones y vagones de voracidad bruta, letargia mecánizada (jamás mecanizante).

¿Por necesidad?
¿Achicamiento, quizás?

Quizás es lo opuesto, peinar largamente los repliegues de la nada.

Ando este día como se hurgan los rincones de un guante pequeño; no alcanzo a sentir pena, porque hoy me falta la conciencia.

En mis manos se condensa la negrura del mediodía, pardo asirme y prensil ruego; cauda; desesperación.

Le sonrío al muro como al viejo amigo, como al espejo.


4 de noviembre de 2011

Angus tiaS

El gran clamor se mueve sobre el techo, redondo y voraz, amplitud insaciable que resquebraja los rumores de las médulas. ¿Volamos en verdad?

La estructura metálica se sacude, pero los rostros, a prueba de los demás, erecta frigidez boyan, iterantes, las planicies del patiecito laboral. He dicho a prueba de los demás, ¿no? A prueba de garfios, debí decir, o a prueba de mini-apocalipsis, ridículas piritas del chisme, inflamatorios afanes de las sirenas entrepiernas, que cantan hasta desbocar los poros.

Tengo tanta hambre, que desgajo mis muslos como si fueran mangos, cuidando no embarrarme de la conciencia que les escurre, y cuyo contacto lo vuelve todo asqueroso.

Nos queda la misma evidencia de cuánto hacemos, que de la salud que recién recetó la farmacéutica. Hoy he dado cuatrocientos noventa y dos besos; algunos, si mi memoria me falla como siempre, sucedieron en la luz, le robaron alguna volúmen a la transparencia. Me queda un estertor de memorias, una tentativa de sonrisa reconstruida a partir de oídas y chismes, una mentira hecha con planos y de cara a la flor de los vientos. Una emulsión de que te veo y te conozco; decantamos la porquería mutua cuando compartimos el silencio.

Si yo fuese algo más negro y magnético, no esperaría el autobús por las mañanas, ni fantasearía con las cafeteras: sería una singularidad, larvas encías de un volcán que se estremece, que eyacula baba de Sol. Pero soy precisamente este frutero lleno de pilatos que vibra si piensa en el hambre y vibra si la despiensa para tapiarla. Apenas soy esta voracidad atada a la antorcha en el fondo del pozo, incandescencias que rasguñan el interminable muro de estar siendo aquí, justo ahora, justo tú ecuánime círculo negro que da cuerpo antes que prisión abisal sustancia líquido alarido líquidas fauces de tu sexo que me busca porque es un roñafilo imbécil. ¿Todavía acostumbras mi linfa, un huevo y clavos, por las mañanas?
¿Aún no te alcanzan los nauseabundos años?

No puedo dejar de verla. Si le llenara de cera las cuencas, podría empotrarla en mi muro y soltarle mis más ruborizadas confidencias, arcilla corazón y silencio, cuánta riente vergüenza de precisar ficciones para conectar las fragmentarias, las estériles islas del Mundo.

El gran clamor se repite, ouroboros, y su ingravidez nos oprime contra estas sillas de oficina y esta hexagonalidad roma de estar sin contrastes ni núcleos, hollín que engrosa la garganta del horno panadero, cebo que abre los ojos y se despanzurra contra los innúmeros otros cebos del PIB.

Tengo los pies cruzados bajo el escritorio. Si al mundo le brotaran por igual orgasmos y vigas de acero, las calles serían grandes inundaciones de saliva y sudor y sangre. Habríamos abolido la necesidad del propósito, la necesidad de la necesidad, y a toda esa chusma de pusilánimes que no terminan de digerir el capitalismo y no tienen el valor de tirarse de cabeza a las turbinas de un Concorde.

Yo no sé resurgir de mis cenizas; mi sexo tampoco.

30 de septiembre de 2011

No es muy pronto...?

Neutro, como el jabón. Pero no es neutro, en realidad, porque deja cierto olorcillo en la piel, cierta consistencia chiclosa y áspera. O como el gris, quizás; pero hay cientos de miles de tonos de gris.

Entonces, ¿como el método científico? No, tampoco es neutral.
¿Como los postes? ¿Como los juicios de divorcio?
¿Como la calma cetácea?

Neutro, sí, pero ¿cómo qué?
Como estarse rascando la rodilla, como revisarse la caries que lleva decenios en el mismo lugar, como la cauda de conchas vacías que sobrevive a la marea.

Pero miento. Ni siquiera el azar es neutro, porque el azar es imposible: sólo hay cantidades de información, y observadores. Sólo hay memoria.

Soy neutro como el rumor intersticial que mantiene a unos recuerdos separados de otros, como el humor vítreo, como la turbulencia diafana que viaja siempre tras el halcón.

Quisiera poder decir que amo, que poseo, que respiro... que mi vida es toda Neutralidad que se aleja felizmente del Equilibrio. Pero mentiría, con todas las uñas. Monto las fluctuaciones del punto medio, violador que sabe que pasado mañana termina el mundo. Celebro cada diferencia, cada desviación, enfrascándola en los filos poligonales de mi atención, en su capricho de colegiala ansiosa e insaciable.

No amo, ni poseo. A veces, acá entre nos, tampoco respiro.
Tardo quince segundos en dormir, precisamente porque soy casi neutro, y mis legiones de miedos y angustias, mis procesiones largas y ateas de recuerdos, no me castigan, porque su frididez es idéntica a su nula saturación. Corro alrededor de la Tierra, corriendo en la bisagra que separa ambos extremos de un subeybaja. Me muevo a la velocidad de la luz, y apenas disminuyen dos rayitas los niños oportunistas que usan el juego. Soy toda una atracción, porque sin importar mis gritos y mis vehemencias, no voy a ninguna parte. Soy el epítome del coraje humano.

Pero llego a casa y me quito la ropa. Cierro la ventana porque dejo de ser equidistante para ser pudoroso. Veo el techo, que es idéntico a todos los techos y que no tiene el decoro de deteriorarse como yo, conmigo.

Compro alucinógenos para ver mejor los calendarios y las demás voces. Compro sal de uvas pic*t. También lleno mi refrigerador con la pedacería de los recuerdos que deseo mantener en pausa, fieles.

Es imposible ser neutro, eso sí, cuando hay tanta belleza en el mundo, tantas asfixiantes instancias de la misma idea fija que me taladra los ojos y la sensibilidad, monopolizándolos, piedra y vertigo.

Sonrío a la mitad, cobarde que no quiere asomarse al mar. Estoy quedándome quietecito frente a estos caracteres que vienen de algún lado, y haciendo de lado todo escrutinio que pudiese acercarlos al afán literario, para simplemente dejar que el brote encuentre su caudal en esta implosión de ductos que es el caos de estar siendo. Estoy Siendo.

Toda esta zalamería lo dice, y contradice, también, la indiferencia que profeso.

26 de septiembre de 2011

Sirenas

Las cinco de la tarde encuentran a mis pensamientos germinando en el núcleo de una antigua olla de peltre, tibia, que a su vez sólo sabe ser sobre mi cuello, letargia del utensilio que no iluminan el uso o la indiferencia, siquiera.

Tatúan mi cara los relieves ásperos de la risa emperatriz, de la alegría del conquistador. Territorios virgenes que creo encerrar en los balbuceos de un mapa, en los accidentes de algún souvenir de la tierra invadida.

Soy preso de la cultura del Souvenir. Voy recolectando símbolos arbitrarios de cada lugar que visito. Bien mirado, mi cofre no es muy distinto de un bote de basura, por heterogeneo y, en apariencia, arbitrario.

Voy dejando testimonio, en su posesión y abandono, de que las pasiones, las mías, son prolongadas bestias silvestres cuyo trote intermitente empieza en ninguna parte y concluye, estruendo y fiebre, en todo el espacio.

Estoy varado en la conciencia de mi implosión, y estás tú... y tú... y también tú: huracán de claridad, vientre maldito, canto de sirena: tú, y tú... y tambien tú... y también tú...

23 de septiembre de 2011

Panoptico

Hace rato rolábamos un libro de poesía, Espantapájaros. Veo que la poesía tiene muchos usos; claro que ninguno de ellos contribuye al PIB.

Esta mañana abundaba en flores carnosas, y me dediqué a recolectar polén remoto. Sé por qué prefiero este cilicio telescópico, este ejercicio de arrobar a los ojos con afanes e invasiones furtivas.

El anonimato es el primer arte que domina la obsesión. Aprendes a ser una sombra, las cacofonías geométricas y negras de una silueta que danza, que persigue que escruta abalanza voraz estruendo magneto embudo vórtice encono: hambre, la claridad perfecta y magmal de la ausencia inquieta.

Así que subo las escaleras agotando el periscopio de mis afanes, que gira 360 grados y que se posa en ciertas superficies como se posan las aguilas sobre las liebres.
Pero sólo son ojos, y las liebres no están huyendo; ni siquiera tienen miedo.

La poesía también sirve para esconderse, para que las acrobacias sonoras tomen la consistencia de un tren minero y se vuelvan credencial y nombre a qué responder: poeta. Poesía libertad, sí, poesía alas, sí, poema nudo de claridades en la estratosfera.
Poema ciclón.

Voy apretando, una contra otra, canicas en mis manos, a cada escalón; una contra otra, las esferas describen un círculo de colores que no existen, porque el bolsillo está oscuro. Voy sopesando las extensiones posibles de mi Imperio de cálculos, y calculo que ella es así, y aquella es asá. Mi aritmética tiene toda la precisión de una ballena haciendo cirugía a corazón abierto.

No sé simplemente desear, el cuerpo de mis obsesiones es quimérico, nutrido de disímiles, incapaz de las continuidades más básicas, del decoro más esencial. Quien me llama voluble, usa una raíz de ahuehuete para sacarme una bala del hígado.

Mi vocación de castor y de tubería de brea, me impide la extravagancia de querer lucidez, en lo que toca a mis deseos. Sólo sé ir hacia adelante, poseso, alineado por la costra de la indiferencia selectiva, asintótico desprecio del equilibrio vital.

Apenas he subido un escalón, y ya me duele el cuello. Las vértebras aledañas resienten también esta indecisión que mi corazón aplaude, y mis ojos.

El Sol de las 10:30 (qué tarde vengo al trabajo) tiene sus propios mapas y predaciones, nos da la espalda; su indiferencia quema.

Me cuesta trabajo la claridad cuando siento; camino a mi escritorio, sólo sentiré. De nada sirve pensar cuando se trata de trabajo: apenas es necesario sacar el ábaco de la mochila, el garrote a veces, el diccionario cada dos lustros, y el artesano orgullo... casi nunca.

22 de septiembre de 2011

Hardcore

Hace un rato leía Hardcore (Linda Williams, 1989). La autora estudia la popularidad del género, haciendo las anotaciones pertinentes según su formación (cultural studies). Al leerlo, y hablando con alguien que me describía su atuendo, supe que soy una criatura visual, y lo declaré.

Esa afirmación me llevó a enumerar, con el vertigo de la urgencia, mi recolección visual de materiales, texturas y transformaciones posibles sobre dichos materiales. Fue una cáotica fiesta de permutaciones y retacerías magnéticas.

Luego pensé en cómo sería el tener (de cualquier modo) todo el conocimiento posible de ese Dominio (llamémosle, el de la Moda), y cómo sería la integración de una persona así preparada, al ámbito social de dicho dominio. No supe muy bien qué responder. ¿Sería bien recibido? ¿Tendría alguna credibilidad?

El penetrar en un dominio implica aprendizajes tanto sociales como 'técnicos' del oficio/dominio. Para algunos dominios, la gente cretina comparte a cuentagotas el conocimiento del dominio, y subraya hasta el cansancio la dimensión social, las interconexiones, el contacto. En algunos otros, como el de mi oficio, sucede aproximadamente lo opuesto.

Pienso en ese entramado social que implican los dominios. De antemano sé que cualquier dominio es eminentemente social, pero este axioma escapa siempre al manojo de mis preocupaciones cuando penetro un área de conocimiento nueva: mi voracidad no busca puentes y guías turísticos, sino mapas y postales, digeribles digeridas abstracciones del nuevo dominio. Pienso en la materialidad de la experiencia.

El volúmen de material técnico que le pertenece a cada dominio es una abstracción, una especie de proyección, no sólo del entendimiento actual de éste, sino de la dinámica social y las relaciones de poder que se dan dentro.

A veces me pregunto si, realmente, estar en París, tener ambos pies sobre París y respirar su aire, es cualitativamente superior a saberlo todo sobre París. Para mi mala fortuna, la historia de mi vida es la aglomeración de experiencias que no sobreviven a las ficciones que las anticipan, que las prometen y que, irreversibles, las superan. Ignoro si esto es justo, pero siempre es delicioso.

Y bien, volviendo a mi condición de criatura visual, considero que hay una intensificación de la realidad, cuando se le ve a través de cierta ficción, a través de ciertos discursos específicos que logran abundarla de superlativos, acercándola más a lo hiper-real que a lo fotográfico. Mi única hambre legítima sucede en mis pupilas.

Hace rato escuchaba a Desmond Morris decir "Just as a birdwatcher watches birds, so a peoplewatcher watches people. But he is a student of human behaviour, not a voyeur.". No sé de quién se protege, o más aún, si se está protegiendo. ¿Hay algo de malo en encontrar placer en los deberes del oficio? Kevin Spacey afirma que no, en Seven :)

¿Ser una criatura visual desemboca sin remedio en el fetiche?
No lo sé. Esta, y todas las preguntas que no estoy escribiendo (porque incluso el lenguaje tiene sus fronteras), me rodean y ríen, porque celebran la electricidad que me ocupa, las tormentas que me siembran en mi cuerpo y a mi cuerpo en el Mundo.

15 de septiembre de 2011

Ni por sobrevivirme en las palabras

Alguien en la oficina acusa al 15 de Septiembre de carecer de luz. También asegura que, hace precisamente un año, el Verano (¿seguimos en Verano?) llenó la calle de minifaldas. Yo no lo recuerdo, nada del año pasado. Seguro recordaría una calle llena de minifaldas; pero no.

En realidad, no recuerdo el mes pasado.

He convertido en un deporte la amnesia, aunque no es arbitraria: sólo subo al tapanco lo que me estorba, sea porque me duele o porque simplemente ocupa espacio.

No estoy acostumbrado a los ataques, no los busco, y no frecuento a la gente que siente que tiene algo que demostrar. Sólo en contextos específicos acepto la posibilidad, la necesidad incluso, de tener que demostrar algo (el trabajo, los conflictos conyugales, etc). La convivencia común y corriente no requiere dichos despliegues de ocio. Pero hay situaciones que parecen descansar enteramente en que eso suceda: el smalltalk es un entablado, para muchos, y sus pobres coreografías se improvisan un foro inconforme y un par de spots fundidos.

¿Cuándo fue la última vez que te descubriste, tratando de probarle algo de tí mismo a los demás?
Te empobreció hacerlo.

Voy enfriando mis animos en la aridez de mi razón. Pienso mejor, más frío; pensar es vaciar de napalm al dragón, descubrir que las Meninas eran todas paralíticas.

Cuando pienso en los deseos, los contenidos pierden cuerpo, relevancia: es imperativo hacer de lado la razón, para que el deseo tenga su propia consistencia y firmeza. En la quietud, lejos del golpeteo de los caballos y las prisas planetarias, me voy exfoliando de esas fantasías felices, de las fricciones afortunadas, de los arrebatos in vitro; quedo yo, desnudo frente al espejo, un poco más viejo, bambus machucados y gruesos, capiteles que parecen milenarios. Pero no soy el Parthenon ni la catedral de Notre Dame: soy una choza de piedra, que guarece un cáliz cuyo brebaje es combustible suficiente para dar incontables eones más a la galaxia. Pero sigo siendo yo, solo, frente al espejo.

Si tuviera radio, diría que será memorable la canción que sonaba cuando descubrí esto; pero no, afuera había el sacudirse modorro de la ciudad que despierta, el mudo rasguño de las cucarachas que temen a la luz, el hombre sospechoso que vende flores en la esquina (narcoleptico, según he visto). Nada que hiciera las veces de profecía o promesa.

Michelena dijo que no escribía "por sobrevivirme en las palabras". Hace rato, hablando de ataques, pienso en mis formas de supervivencia, las de fondo. Me parece que hago eso con palabras; el alimento duradero, el registro fiel, el bunker impenetrable, sigue siendo lo dicho hace tiempo, conforme el pasado me fue fijando al volverme irreversible. El único archivo que existe de esa historia, es lo que dije, lo que puedo decir hoy. Ambas, por supuesto, son también mentiras, pero vecinas o parientes en primer grado de la (¿existió?) verdad.

Palabras veneno, oficio de arrancar corazones con las manos.
¿Dónde se separa la saliva del ácido sulfúrico? ¿En el pizarrón? ¿En la cajita de Petri? ¿En la piel?

Caudal inmundo de cosas dichas, caudal inevitable.
Ambulante desborde vago, de sílabas, de imprecisiones convenientes, mar de astillas de magma, mar blanco de la desolación de estar siendo un fantasma, soy.

Pero héme aquí, héte aquí.
"Vamos a conocernos rápidamente y a fornica y a olvidarnos".
Sabines también decía que tenemos miedo de saber demasiado.

Por eso vivo en el silencio, en el silencio más impenetrable que existe: el de vivir hablando.

de antes

sobre mí

Tijuana, Baja California, Mexico