pointless transducing of (presumably | temporarily brief) facts :D

14 de septiembre de 2011

Kamikaze

Hace rato confesaba que abro mis brazos en las alas de la avioneta, sin saber si aterrizará o no; abro las manos y le sonrío al Universo.

¿Acaso la pasión y el riesgo no son transparencias contiguas en el espejo?

Me doy cuenta que la edad me va descontando algunos tipos de paciencia. Por ejemplo, ya no le tengo paciencia a la gente que, por su papel en algún contexto específico, debe saber algo que no sabe; ni la tengo con la gente que crítica sin proponer (¿acaso debería agregar una posdata constructiva a este post?); tampoco la tengo con la gente que tiene miedo, en cualquiera de sus formas (y que conste que no me estoy proclamando el nuevo Kalimán :P, pero hay manifestaciones del miedo que son insufribles, se den en quien se den).

Tampoco le tengo paciencia a la gente que te pide algo, pudiendo obtenerlo con sus propios medios y un poco de trabajo. No sé cuando se acabó la cultura de la autosuficiencia, pero nadie me avisó. Tampoco estoy diciendo (benditas explicaciones!) que soy SkyNet (o HAL9000 o la Matriz o...), y que lo tengo todo bajo control, no: sencillamente digo que tiene mi simpatía y respeto alguien que, habiendo hecho todo lo que pudo, no logra algo y te busca para lograrlo juntos. Dicen que más vale tener amigos que dinero; yo complementaría eso: más vale tener voluntad, y amigos, que dinero.

Hace un rato confesábamos, en la comida, que la conversación de ciertas personas, es repelente. Claro que trato de ser justo, sin necesariamente lograrlo: ¿en qué consiste la buena conversación? Sé que es un arte refinado (y su historia, fascinante), pero la modernidad (o post-modernidad, según quien te escuche) se ha ocupado de redefinir/replantear nociones esenciales, ésa incluída: ¿cómo conversamos ahora? Sé que somos los mismos seres humanos, y que derivamos el mismo gusto de la reunión entre familiares, íntimos y cercanos, pero, ¿cómo determinamos cómo es una buena conversación?

He aprendido que es más importante que los participantes se sientan bien, se diviertan o, en el peor de los casos, simplemente escuchen con algún interés. Es un arte difícil, pero siempre incluyente. La seguridad de las opiniones entre entremeses es total, e ingenua.

Me han acusado de estar lejos de los chismes más recientes en la oficina. Pienso en la distancia que guardo de todas las cosas. No es ostracismo, no precisamente: soy un compás comprometido y un faro sin vocación. Por definición, distanciado, pero jamás ausente; incluso esa distancia es inherente a mi existencia, como la entiendo.

Me gustan los besos. Y los mazapanes.
Me gusta la gente que sonríe porque sabe algo que tú jamás sabrás.
Odio a la gente que ríe porque sabe algo que tú jamás sabrás.

Hoy día, mi vida mental es una gran pecera, y la labor du jour consiste en saber (tan lejos como sea posible de adivinar) de qué lado del vidrio estoy; si se puede, permanecer en algún lado más de 5 segundos.

¿Alguien más ha sentido que la regadera es una inundación de ávidas caricias? Yo caí en cuenta de ello en la mañana, cuando me descubrí sonriendo sin más, bajo el chubasco. Es una importancia artificial, una atención impersonal, sí, pero innegable.

Mi voracidad no conoce límites.


:)

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