pointless transducing of (presumably | temporarily brief) facts :D

30 de septiembre de 2011

No es muy pronto...?

Neutro, como el jabón. Pero no es neutro, en realidad, porque deja cierto olorcillo en la piel, cierta consistencia chiclosa y áspera. O como el gris, quizás; pero hay cientos de miles de tonos de gris.

Entonces, ¿como el método científico? No, tampoco es neutral.
¿Como los postes? ¿Como los juicios de divorcio?
¿Como la calma cetácea?

Neutro, sí, pero ¿cómo qué?
Como estarse rascando la rodilla, como revisarse la caries que lleva decenios en el mismo lugar, como la cauda de conchas vacías que sobrevive a la marea.

Pero miento. Ni siquiera el azar es neutro, porque el azar es imposible: sólo hay cantidades de información, y observadores. Sólo hay memoria.

Soy neutro como el rumor intersticial que mantiene a unos recuerdos separados de otros, como el humor vítreo, como la turbulencia diafana que viaja siempre tras el halcón.

Quisiera poder decir que amo, que poseo, que respiro... que mi vida es toda Neutralidad que se aleja felizmente del Equilibrio. Pero mentiría, con todas las uñas. Monto las fluctuaciones del punto medio, violador que sabe que pasado mañana termina el mundo. Celebro cada diferencia, cada desviación, enfrascándola en los filos poligonales de mi atención, en su capricho de colegiala ansiosa e insaciable.

No amo, ni poseo. A veces, acá entre nos, tampoco respiro.
Tardo quince segundos en dormir, precisamente porque soy casi neutro, y mis legiones de miedos y angustias, mis procesiones largas y ateas de recuerdos, no me castigan, porque su frididez es idéntica a su nula saturación. Corro alrededor de la Tierra, corriendo en la bisagra que separa ambos extremos de un subeybaja. Me muevo a la velocidad de la luz, y apenas disminuyen dos rayitas los niños oportunistas que usan el juego. Soy toda una atracción, porque sin importar mis gritos y mis vehemencias, no voy a ninguna parte. Soy el epítome del coraje humano.

Pero llego a casa y me quito la ropa. Cierro la ventana porque dejo de ser equidistante para ser pudoroso. Veo el techo, que es idéntico a todos los techos y que no tiene el decoro de deteriorarse como yo, conmigo.

Compro alucinógenos para ver mejor los calendarios y las demás voces. Compro sal de uvas pic*t. También lleno mi refrigerador con la pedacería de los recuerdos que deseo mantener en pausa, fieles.

Es imposible ser neutro, eso sí, cuando hay tanta belleza en el mundo, tantas asfixiantes instancias de la misma idea fija que me taladra los ojos y la sensibilidad, monopolizándolos, piedra y vertigo.

Sonrío a la mitad, cobarde que no quiere asomarse al mar. Estoy quedándome quietecito frente a estos caracteres que vienen de algún lado, y haciendo de lado todo escrutinio que pudiese acercarlos al afán literario, para simplemente dejar que el brote encuentre su caudal en esta implosión de ductos que es el caos de estar siendo. Estoy Siendo.

Toda esta zalamería lo dice, y contradice, también, la indiferencia que profeso.

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