pointless transducing of (presumably | temporarily brief) facts :D

4 de noviembre de 2011

Angus tiaS

El gran clamor se mueve sobre el techo, redondo y voraz, amplitud insaciable que resquebraja los rumores de las médulas. ¿Volamos en verdad?

La estructura metálica se sacude, pero los rostros, a prueba de los demás, erecta frigidez boyan, iterantes, las planicies del patiecito laboral. He dicho a prueba de los demás, ¿no? A prueba de garfios, debí decir, o a prueba de mini-apocalipsis, ridículas piritas del chisme, inflamatorios afanes de las sirenas entrepiernas, que cantan hasta desbocar los poros.

Tengo tanta hambre, que desgajo mis muslos como si fueran mangos, cuidando no embarrarme de la conciencia que les escurre, y cuyo contacto lo vuelve todo asqueroso.

Nos queda la misma evidencia de cuánto hacemos, que de la salud que recién recetó la farmacéutica. Hoy he dado cuatrocientos noventa y dos besos; algunos, si mi memoria me falla como siempre, sucedieron en la luz, le robaron alguna volúmen a la transparencia. Me queda un estertor de memorias, una tentativa de sonrisa reconstruida a partir de oídas y chismes, una mentira hecha con planos y de cara a la flor de los vientos. Una emulsión de que te veo y te conozco; decantamos la porquería mutua cuando compartimos el silencio.

Si yo fuese algo más negro y magnético, no esperaría el autobús por las mañanas, ni fantasearía con las cafeteras: sería una singularidad, larvas encías de un volcán que se estremece, que eyacula baba de Sol. Pero soy precisamente este frutero lleno de pilatos que vibra si piensa en el hambre y vibra si la despiensa para tapiarla. Apenas soy esta voracidad atada a la antorcha en el fondo del pozo, incandescencias que rasguñan el interminable muro de estar siendo aquí, justo ahora, justo tú ecuánime círculo negro que da cuerpo antes que prisión abisal sustancia líquido alarido líquidas fauces de tu sexo que me busca porque es un roñafilo imbécil. ¿Todavía acostumbras mi linfa, un huevo y clavos, por las mañanas?
¿Aún no te alcanzan los nauseabundos años?

No puedo dejar de verla. Si le llenara de cera las cuencas, podría empotrarla en mi muro y soltarle mis más ruborizadas confidencias, arcilla corazón y silencio, cuánta riente vergüenza de precisar ficciones para conectar las fragmentarias, las estériles islas del Mundo.

El gran clamor se repite, ouroboros, y su ingravidez nos oprime contra estas sillas de oficina y esta hexagonalidad roma de estar sin contrastes ni núcleos, hollín que engrosa la garganta del horno panadero, cebo que abre los ojos y se despanzurra contra los innúmeros otros cebos del PIB.

Tengo los pies cruzados bajo el escritorio. Si al mundo le brotaran por igual orgasmos y vigas de acero, las calles serían grandes inundaciones de saliva y sudor y sangre. Habríamos abolido la necesidad del propósito, la necesidad de la necesidad, y a toda esa chusma de pusilánimes que no terminan de digerir el capitalismo y no tienen el valor de tirarse de cabeza a las turbinas de un Concorde.

Yo no sé resurgir de mis cenizas; mi sexo tampoco.

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