pointless transducing of (presumably | temporarily brief) facts :D

29 de noviembre de 2011

Centipede

Anoche escuchaba a Borges decir que la escritura no tiene mucho que ver con la inteligencia; a veces, según él, incluso estorba.

Hace un rato leía en un libro sobre planteamiento de problemas, que no existe un planteamiento correcto, y que el planteamiento ilumina, u opaca, la ruta de la resolución. Así que, según el consejo, hay que dotarse de cierto ludismo invariante para plantear y replantear los problemas, hasta el cansancio o la resolución.

Por una inevitable interpolación, me pregunto de cuántos modos puede plantearse el problema de la escritura, teniendo como premisa fundamental el no 'inteligir', el abandono estricto de la razón mientras se escribe.

Me pregunto por qué problematizar la escritura; para quién. Recuerdo 'Concerning the Bodyguard', de Barthelme; recuerdo la práctica inquisidora que consistía en azuzar a una rata encerrada entre una rejilla semiesférica y un torso desnudo; me queda entre la entrepiel la bruma de la másmedula.

Sigo con la pregunta, y problematizar parece muy simple, incluso se me antoja un algoritmo trivial:

1) produce una taxonomía de lectores posibles
2) a partir de sus rasgos particulares, identifica acercamientos/modos de intepretación
3) estudia las interpretaciones posibles
4) ...

y puede continuarse el ejercicio, haciendo distinciones cada vez más granulares dentro de cada paso y concepto.

"Las mejores preguntas evitan toda respuesta.", leí en algún lado.

Si se toma todo este amasijo de nociones discretas, y se apedrea hasta hacerse pulpa, queda un cierto gustillo a que escribir es un ejercicio fertil si deja, entre otras (muchas muchas) cosas, el valle sembrado de cuerpos hambrientos, preguntas cuyas tumoraciones van creciendose respuestas tentativas. El ojo, la habitación interior, queda forrada de salientes romas que acaparan los sentidos y ahuyentan toda privación. Escribir sin autoconciencia, sin pensar en los ojos que leen, sin pensar en las manos que escriben, sin las claridades que vienen de lo concreto. Escribir para engarzar vagones y vagones de voracidad bruta, letargia mecánizada (jamás mecanizante).

¿Por necesidad?
¿Achicamiento, quizás?

Quizás es lo opuesto, peinar largamente los repliegues de la nada.

Ando este día como se hurgan los rincones de un guante pequeño; no alcanzo a sentir pena, porque hoy me falta la conciencia.

En mis manos se condensa la negrura del mediodía, pardo asirme y prensil ruego; cauda; desesperación.

Le sonrío al muro como al viejo amigo, como al espejo.


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