Mantarraya
¿Por qué no quedarse con el sueño? ... con todos ellos. Dejar de aplicar plurales a la desdicha, recoger ávidamente flores con la mano derecha y abandonarlas con la izquierda. Quemar (ahora sí) todos los barcos ...¿?
Me tiemblan las manos en la mañana, porque intuyen el día. Uno de mis ojos, que recién me entero, es más pequeño, se niega también al día; tarda. Hay un reloj trás el reloj, un contador de exfoliaciones espontáneas simultáneas asíntotas: ¿alejándose de qué?
Cayeron ambas semillitas de las órbitas del Santo que incendio todos los días en casa. Tibias aún, omniscientes y equidistantes, con todo el citrismo felino de un esturión o de la maestra linda de física, me miran desde el suelo; risueñas, con ese rumorcillo difuso y blanco que produce el humor vítreo celeste.
Para dormir, escucho el mar. También puedo dormir sin él, pero me privo de las sirenas, las supernovas y toda esa plenitud recursiva e interminable que constituye mi felíz letargia, mis entreveros con el Abismo.

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